6/11/08

El arte de lo bueno y lo equitativo

Como hemos hecho con la economía, el entendimiento del derecho debe proceder mediante aproximación a fenómenos que nos son familiares, con rasgos propios a los que convencionalmente llamamos jurídicos. Sin embargo sería un truismo afirmar que "el derecho se ocupa de los problemas jurídicos". Por eso se trata ahora de localizar y describir esos problemas, o quaestiones de iure, y elevarnos desde ahí a los principios de la ciencia que los explica.

Podemos comenzar de forma provisoria con la definición del jurisconsulto romano Celso: el derecho es el arte de lo bueno y lo equitativo [ius est ars boni et aequi]. Aparece al principio del tratado de iure de Santo Tomás (2-2 S. Th. q. 57), lo que nos asegura de su acierto. Uno de los términos de esta definición, el bonum (lo que todos quieren), es principio común al derecho y a la economía, como ya hemos visto. Nos queda pues ocuparnos del segundo término de la definición, que singulariza al derecho: el aequum, lo equitativo.

El derecho se refiere a la manera de vivir de los hombres (mores), que persiguen sus medios de vida (bona) en pie de igualdad (aeque). Así, el derecho se presenta como una particular relación de los hombres con los bienes. Vamos a ilustrar ahora estas ideas, como antes hicimos con la economía, con un relato de los evangelios: la parábola de los obreros de la viña (Mt 20, 1-16). Dice así:

"Un propietario salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo." Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: "¿Por qué estáis aquí todo el día parados?" Dícenle: "Es que nadie nos ha contratado." Díceles: "Id también vosotros a la viña."

Hasta aquí todo nos parece en orden. Hemos asistido a un ritual típico de los pueblos: el labrador que contrata en la plaza a unos braceros. Repárese en lo que les prometía: "os daré lo que sea justo". Oigamos ahora cómo se ajustaron cuentas al final del día:

"Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: "Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros." Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. "

Leemos esto, y nos decimos: no es justo. La conducta del dueño contradice nuestro sentimiento de cómo debería procederse en ese caso, porque tenemos inculcada la regla de que "a trabajo igual, salario igual". Eso es lo equitativo, y por eso no nos sorprende cómo reaccionaron los obreros:

"Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor."

Hoy diríamos que los obreros plantearon un conflicto colectivo por discrepar del método de remuneración del trabajo. ¿No nos parece razonable su queja?

"Pero él contestó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?"

Acabamos de asistir a una controversia sobre el cumplimiento de un pacto. El dueño de la viña y los obreros perseguían, segun la palabra dada, intereses opuestos: el dueño, que se hiciese la faena de la viña, y los obreros, que se les pagase el salario. El derecho es el medio de componer las controversias sobre los bienes, aunque sus respuestas no siempre nos parezcan justas, como en el caso relatado en la parábola, en que el dueño se erige en árbitro que dirime el pleito a su propio favor.

En este mundo en que de manera constante se frustran las expectativas de igualdad entre los hombres, nuestra comprensión de la ciencia jurídica nos demanda una explicación de cómo se relaciona el derecho, "el arte de lo bueno y lo equitativo", con la justicia, puesto que muchas veces advertimos que se dan soluciones jurídicas injustas a los conflictos. Sobre esta cuestión nos detendremos un buen trecho.

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6 comentarios:

Alfaraz dijo...

Se me ocurre, Joaquín, que este aforismo cojea de ambas piernas, pues ni la bondad ni la equidad me parecen conceptos universales.
De ese modo siempre habrá alguien a quien la juseticia no se lo parezca.
Pero claro, que debería hacer 2 advertencias: 1.- que esto lo dice un jurídico-no-ejerciente y 2.- que jamás le oí el aforismo a D. José Luis Murga.

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Joaquín dijo...

D. José Luís Murga, ¡notable romanista, y rociero, y capillita!

Es cierto, no todos convienen en "qué es el bien". Para unos será una cosa, y para otros, otra. A ver si logramos seguir por esta línea: sobre si es posible encontrar un punto de encuentro, de un bien común para todos.

En cuanto a la equidad (libro V de la Etica a Nicómaco, de Aristóteles), su misma razón impide que se defina universalmente, porque está relacionada con cada caso concreto. También tendremos que hacer un esfuerzo de comprensión, sobre la equidad.

Emilio Cervantes dijo...

Amigo Joaquín,

Has llevado al parvulario de excursión al laberinto. Apuesto a que no salimos de dudas en la siguiente entrada,.....

Lo único que aprendí en bachillerato acerca del derecho romano es que en él lo justo era justo por ser derecho. Es una visión opuesta a lo que hoy pensamos en general (que el derecho es derecho por ser justo). Si aquello que aprendí es correcto, entonces sería el derecho mismo el que define lo bueno y lo equitativo. Es decir que la bondad y la equidad tendrían su origen en el derecho y no al revés.

¿Me equivoco?

Joaquín dijo...

Jajaja, no te equivocas en nada, Emilio. De hecho, te estás adelantando en unos cuantos temas...

Julio Santiago Tulián dijo...

Estimado: creo que te equivocaste en el planteo; la misma cuestión en la que figura la cita de Celso de la que partes está dedicada por Tomás de Aquino a explicar que el derecho es el objeto de la justicia. Esa es la definición tomista de derecho: el derecho es la misma cosa justa, aquello que se debe en justicia a alguien.

Joaquín dijo...

Julio: pues sí, así es, esa es la doctrina tomista acerca del derecho, donde la justicia se define por el derecho, porque como comentas, "el derecho es la misma cosa justa". Nuestros contemporáneos, sin embargo, tienden a la inversa: el derecho se define por lo justo (el 'iustum' es un prius del 'ius', aunque verbal y etimológicamente no sea así, porque 'iustum' deriva de 'ius').

Saludos europeos!